jueves, marzo 11, 2010

Drogas buenas y drogas malas?

Existen ciertas clasificaciones que hacen hincapié en las características o propiedades de las diferentes sustancias, subrayando la existencia de drogas "duras" y drogas "blandas".

Esta diferencia se establece a partir de los efectos que las mismas provocan en el consumidor y las reacciones positivas o negativas que tienen sobre el organismo. Asimismo se toma en cuenta el impacto social que las mismas producen.

Desde un punto de vista más amplio, cuando hablamos de conductas adictivas, estamos ampliando el concepto a una serie de hábitos que involucran toda una gama de actitudes y comportamientos en relación a un objeto, ya sea este una sustancia, una actividad, un juego, el sexo o la comida.

Es decir que cuando nos posicionamos desde el concepto de conducta adictiva estamos observando la peculiar forma de relación con algo, que tiene una persona. Esta relación puede estar enmarcada o no en una relación de uso, abuso o adicción según la modalidad de relación que se ha establecido.

Desde luego al posicionarnos en este punto de vista, la clasificación de drogas duras o blandas, carece de sentido, y es casi un absurdo, ya que lo que interesa es el tipo de relación que se establece con la sustancia. Lo que nos interesa saber es que tipo de Conducta manifiesta una persona en función de una sustancia, una actividad o cualquier otra cosa.

Para muchas personas la marihuana es una droga inofensiva, que no produce daños, sin embargo no es lo esencial que produzca o no un daño físico inmediato, sino la relación particular que se establece entre la persona y el hecho de fumar marihuana. El tabaco tampoco produce daños físicos inmediatos y es desde un punto de vista social es inofensivo. Sin embargo sabemos que es un factor de riesgo en las enfermedades cardíacas y un posible factor de riesgo cancerígeno, además sabemos que la nicotina es más adictiva que la marihuana.

Si esta relación evoluciona desde la ingesta esporádica a una ingesta diaria y frecuente estamos hablando de la instalación de una conducta adictiva, a pesar de que el consumidor lo niegue.

Desde esta postura, podemos decir que no existen drogas duras o blandas, existen drogas. Y es la conducta del usuario o consumidor la que puede transformarse en riesgosa cuando se ingresa en el mundo de las sustancias psicoactivas.

Vamos a poner la mirada entonces sobre la actitud de la persona en relación a determinada sustancia y a partir de esa mirada, comenzaremos a trabajar en la deconstrucción de las conductas adictivas de esa persona.

También podríamos afirmar que ninguna persona está exenta de quedar atrapada en algún tipo de conducta adictiva, ya que las mismas no están orientadas por el uso de sustancias, sino más bien por la manifestación de una conducta sin límites y sin control. Esa es la esencia, ese el nudo de la problemática de las adicciones en los seres humanos: la falta de límites.

Es en este sentido entonces que el trabajo en el campo de las conductas adictivas adquiere otra dimensión, puesto que no establecemos un parámetro único de adicción (el de las sustancias) sino que ampliamos el marco para encontrar que en la multiplicidad de conductas humanas existen actitudes o prácticas que atrapan a los individuos en una espiral de dependencia que implican riesgos para su vida, un deterioro de la calidad de la vida familiar y personal, acompañada de un paulatino derrumbe de la propia existencia.

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